Sentada mirando, lo que parecía ser una despedida. La sonrisa de David parecía triste como si tratara de que se viera normal. Tenía imprudentes ganas de llorar, mientras o veía de otro lado del vidrio, me miraba, y el dolor en mi aumentaba.. No podía llorar porque a mi alrededor habían muchos humanoides mirando aquella escena entorpecedora, una mujer robusta del otro lado del bus, miraba con cara de compasión, tal vez intenté sonreír y mirar a David con la garganta en un hilo, el bus encendió motores y una pulsación dentro de mi, hizo que casi perdiera el aliento. Mi celular sonó y en un hilo de voz, contesté.
-hola amor - pronunció él con su tierna voz.
-Amor - le respondí intranquila.
-ya te hecho de menos - le miré deseando besarle, el alejándose del bus que iba retrocediendo metió las manos en los bolsillos de su pantalón y continuaba hablando conmigo.
-yo también - estúpida frase que no sabe decir todo lo que en verdad quería decir...
-te amo amor - quise decir "yo te amo máaaaaaaaaaas!!!" pero al tener aquel entorpecedor nudo en mi garganta, tan solo pude sonreír - te llamo cuando llegue a casa, ¿Bueno?
-Bueno, ahí charlamos.
-Sí...
-un beso.
-Te amo - terminó él, la llamada se cortó y David agitaba su mano diciendo adiós enviando besos al aire que iban para mí, desee tanto que hubieran sido reales...
Lo dejé de ver, y mientras caían un par de lagrimas por mis mejillas, recordaba como si hubiera sido ayer cuando estábamos en el lago de Lincan-Ray, sentados mirando el agua sacándonos fotos, hablando de rosas y colores, grabando vídeos con nuestras palabras y nuestros gestos, bromeando y parafraseando, haciendo contacto con nuestras manos, la una con la otra, el viento fresco, aun recuerdo aquel olor, aquel lugar... Que aun que fue un momento, junto a él pareció una eternidad...
Lloré desconsoladamente por un momento, y la mujer que anteriormente me había mirado, volvió a mirarme y me sonrió con amabilidad, como si hubiera intentado sentir mi dolor. Esa noche, fue una de las tantas noches feas en mi vida, como cada despedida, siempre era horrible pisar el bus después de estar noches y días con David, era el horror de mi vida dejarlo y dejar que se fuera, porque volvía a sentir el vacío en mi vida, lo incompleto de mi mundo.
Sentía que había entregado tanto a este amor, que era una injusticia sentir tanto dolor, sentía que nos entregábamos tanto mutuamente y que eramos tan felices cuando nos mirábamos a los ojos, que separarnos era una indignación muy grande, parte de mi se destruía siempre cuando me alejaba de él, hasta mis ganas de ser yo misma, y cada vez es peor, cada vez soporto menos no estar con David, y siento que a medida que pasan los días sin él, nada tiene valor en el universo, exceptuando por un pequeño y enorme detalle, que es Dios. Por que, comprendo que sin él, no podría siquiera estar escribiendo estas cosas, ni siquiera podría resistir tanto dolor en el alma al estar sin David. Dios me ha concedido cuidar al ser más hermoso del planeta y siento que aun que esté destruida por dentro, debo cuidarlo y velar por cada uno de nuestros sueños, asi como ser su hombro para el llanto y su apoyo en las dificultades, anhelo con ser esa amiga para él en tiempos difíciles, es por eso que me duele, es no sentirlo a mi lado, porque siento quizá su dolor, y no puedo estar ahí para abrigarlo con mis abrazos, ni darle las caricias necesarias para no verlo triste...
Dios ha sido perfecto y cada momento junto a David han sido aquellos regalos invaluables, con no se venden ni se regalan por nada del mundo, cada segundo y momento vivido son detalles dados por el creador, que guía cada una de nuestras vidas, y aunque esté completamente destruida sin David, confiaré siempre en que Dios estará para mantenerme en pie.
Este es solo el principio de una hermosa y gran historia, que no es ficticia, ni irreal. Es real, es palpable, es sufrida y amada, es la historia que Dios escribió sobre nosotros, y que agradezco a cada instante de mi vida...
Rocío Montoya.